martes, 5 de marzo de 2013

Las noches del gato verde

"Me llamo Miguelín, como cualquier otro chico. Pero no soy como cualquier otro chico, aunque resulte repulsivo ser diferente. Pero lo soy. [...] Una vez, cuando yo era pequeño (ahora voy a cumplir diez años), me dijo un pariente que vino de visita a casa: "Tú eres un poco curiosete". Y, claro, es verdad. El pariente era feo, como todos los parientes. Ya se sabe. Si dices: "Mi prima, mi tío, mi abuelo, mi hermano, mi hermana", pueden ser guapos, es muy posible que sean guapos. Pero si dices: "mi pariente", es feo, no falla. Pues aquel parinte, feo como todos, me dijo que yo era un curiosote y acertó. Bueno, curiosote, curiosote, precisamente, no. No voy husmeando por la casa, ni abriendo cajones y paquetes que no son míos, ni escuchando groseramente detrás de las puertas, ni espiando por las rendijas de las ventanas... a menos, claro está, que haya algo muy interesante que ver."
 
 Texto extraído de Las noches del gato verde. Escrito por Elisabeth Mulder y reeditado por Siruela magníficamente.
 
Descubrí este libro gracias a La Muestra del Libro Infantil y Juvenil, una iniciativa con mucha solera organizada por la CAM, aquí tenéis el enlace: http://www.madrid.org/cs/Satellite?c=CM_InfPractica_FA&cid=1142628123525&idTema=1142598543469&language=es&pagename=ComunidadMadrid%2FEstructura&perfil=1273044216036&pid=1273078188154
 
El catálogo de selección es magnífico y también os lo podéis descargar en esta misma página (al final del todo).
 
 En fin, que el libro se tiró en mis brazos... y bien hallado sea el que escogió a Elisabeth Mulder para que figurara en la Muestra, bien hallada Mischi que reedita este tesorito, iluminado por Asun Balzola con sus caricias ilustradas y escrito por desconocida para mí con una pluma inteligente, que nos vuelve a recordar, como todos los grandes, que los niños ni son ñoños ni son tontos gracias a todos aquellos que han hecho posible que este cuentito se disfrute tanto en el Maxiclub, que a continuación os dejo algunas perlas de vuestros hijos...
 
 
 
 
Como la sinceridad es ya una moneda habitual de cambio entre nosotros, una valiente admite hacer todo lo que Miguelín niega: abre cajones, husmea por los armarios y está muy pendiente de lo que pasa tras las puertas cerradas. O
; otros hablan de lo que disfrutan pegando la oreja a las puertas; han revelado tener unos detectores ultrasensibles (yo no sé qué desayunan, pero por favor, decídmelo), otros admiten con indiferencia no ser nada nada curiosos, sólo cuando hablan los padres, si éso no es ser cotillo tú me dirás... Algunos han confesado incluso pecados (fingir enfermedades, eso sí que es un clásico, y no el Barça-Madrid) que no tenían nada que ver con el espionaje, pero estaban entregados.
 
Y todo esto sale a relucir gracias a la prosa brillante de una mujer española que ya en los años 40 hablaba seis idiomas y se codeaba con lo más granado de la sociedad catalana, si queréis saber más sobre ella, interesantísima chicos,
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Yo os voy a dejar, que me está esperando Miguelín con cara de pocos amigos porque hemos visto el video de la Casa del Lector y no le hemos invitado...
Nos vemos pronto, leedme despacio, leedme con gusto.
 
 
 
 

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